dimecres, 3 d’abril de 2013

28-31 de marzo: Ultra duatlón solidaria


 Una aventura más allá del esfuerzo y la solidaridad
 Me siento delante de la pantalla para enfrentarme a un gran reto, intentar reflejar por escrito desde mi punto de vista uno de las mayores aventuras de mi vida, un Reto en el que un grupo de deportistas se juntó para unir Elche y Santiago de Compostela en un viaje a pie y en bici en cuatro días. Todo con único motivo: recaudar fondos para proyectos sanitarios de la ONG Oasis en Togo. Mi visión de la experiencia será parcial e incompleta, aun así, espero que lleguen a vuestros corazones algunas de las emociones que he vivido en estos días tan intensos...

Los preparativos

Javier Seoane, compañero de Raidermania, nos convocó un día a una reunión para explicarnos los esbozos de este proyecto. Recuerdo las caras de perplejidad de todos, nos parecía una aventura increíble, y todos nos lanzamos a apoyarle en su locura. Así, se constituyó la Ultra duatlón solidaria: 4 días, 3 noches, más de 1100 kilómetros nos harían recorrer en bici y a pie de Elche a Santiago de Compostela por el Camino del Sureste. Todo se realizaría por equipos, de manera que siempre estaría un equipo en movimiento. Una auténtica pasada, ¿seríamos capaces de hacerlo? ¿estaríamos preparados?

La logística que comportaba este Reto era muy compleja, así se buscó toda clase de patrocinadores que pudieran echar un cable. El trabajo fue descorazonador, una multitud de negativas llegaban cada día a la mesa de Javi, pero seguía intentándolo mientras Inés y todos los demás compañeros intentábamos hacer lo que se podía. Finalmente, el trabajo dio sus frutos y se consiguió apoyo económico.

Después quedaba otra complejísima parte de la planificación: el diseño de equipos, etapas, elección de rutas... No se podía dejar nada sin cerrar. Y compañeros como Leandro tuvieron mucho que ver con el éxito de las decisiones tomadas.

Jueves 28: empieza el Reto



 Me levanto el día D, tengo que ir a Elche, no me puedo creer que empiece la aventura. He estado muy desconectado de todo por culpa de mis obligaciones pero sé que se ha trabajado duro y que va a salir bien. El "libro de ruta" que se ha editado es espectacular y los tracks del gps nos facilitarán nuestro rumbo.



Mientras mi padre me lleva a la salida, todavía no soy consciente de lo que voy a hacer, parece una tarea para titanes. Además, yo iba de mal humor, mi bici estaba averiada y me tuve que llevar otra, además de olvidar casco y guantes, ¡vaya manera de empezar!

Una vez allí, poco a poco me voy relajando, aparecen mis compañeros de aventuras con una sonrisa de oreja a oreja dispuestos a darme un gran abrazo. Ya hemos vivido juntos muchas aventuras y se nota complicidad en el ambiente. Mientras los patrocinadores nos dan ánimos antes de iniciar la aventura, veo ya en la linea de salida al "equipo uno", tres deportistas duros de verdad: Alberto, el visionario que ha conseguido juntar en un solo Club a unos geniales locos de la montaña; Piñera, todo un raider temperamental y aguerrido; y por último Javi, el creador de este Reto que nos llevará al límite de nuestras posibilidades. Apoyando desde las furgonetas, están Jenny e Inés. Por fin, se da la salida y la maquinaria se pone en marcha, la furgoneta de apoyo nos va informando de todo mientras los otros dos equipos comenzamos nuestros preparativos.


Y aquí está mi equipo, el "equipo dos", cuatro componentes, que sin tener tanta experiencia como el equipo anterior, se convertía en un equipo de garantías y cumplidor. A parte de aquí el que escribe, el equipo estaba compuesto por: Josito, del club hermano Pa' Que Bikes, atleta potente que tiró del equipo como el que más; Mario, personaje curioso que igual te suelta el chiste más friki de la historia como después se mete más de 100 km en la bici sin rechistar; y Ester, la alegría personificada del grupo con una cara oculta, la de una raider devoradora de kilómetros. En el apoyo, uno de los expertos de Raidermania, David, con lo que teníamos garantizada una buena asistencia y unas buenas risas.

Después de hacer la compra, nos dirigimos a Albacete con otro grandísimo fichaje para el tramo de Albacete-La Roda, Héctor Motilla, al cual sacamos a toda prisa de su casa no sin antes saludar al burro blanco, a ver si nos daba suerte.
En Albacete, otro gran fichaje para ese tramo Marco Gamuz, balonmanista profesional también se nos unió para echarnos un cable para este tramo.

Ya estábamos en Albacete, esperando al equipo uno, que estaba sufriendo lo inimaginable por culpa del maldito viento. Acto seguido, teníamos a Marco, Josito y a Motilla preparados para  la batalla, 40 km a pie desde Albacete hasta La Roda. La espera fue tensa, nos comentaban por móvil el sufrimiento de nuestros compañeros, especialmente de Piñera que andaba con problemas estomacales. Lo único que deseábamos ver en el mundo era sus caras aproximándose hacia nosotros. A eso de las 22 horas, ahí estaban, descompuestos, pero contentos porque a pesar de todo la máquina seguía su marcha.

Era la hora de mi equipo, y los que quedábamos en la asistencia nos fuimos a La Gineta a comprar la cena y así hacer el relevo de Josito y Motilla por Ester. Sobre las 00 horas aparecieron en el punto de avituallamiento con buenas sensaciones, a pesar de estar más acostumbrados a correr por montaña que por pista plana. El equipo quedaba ahora formado por Ester y Marco, y nosotros fuimos directos a La Roda a esperarlos y a encontrarnos con el equipo tres, al cual íbamos a ayudar para quitarles unos cuantos kilómetros.

 Viernes 29: viento, lluvia y decisiones importantes

 Después de una agradable bienvenida, se presentaba el "equipo tres" en el Reto, liderado por Tarí, la experiencia en persona en el mundo de los raids, ideólogo y una persona a la que todos escuchamos con fascinación cuando expresa sus ideas y sentimientos. Lo acompañaban: José, la potencia en estado puro además de un auténtico manitas; Lidia, la templanza y el saber estar en todo momento; Carmona, otro de los Pa' Que Bikes, la fiesta, la música y la jarana en una sola bestia parda rodadora; y Raúl, todo un ejemplo de entrega, ya que se pasó todo el Reto con dos dedos rotos, una auténtica machada, y con su super guante de ciclismo adaptado para dicho suceso.

A la una y media de la mañana llegaban Ester y Marco, contándonos sus aventuras a través de los bancales de la noche albaceteña. Así, el equipo mixto 2/3 de Héctor, Mario y Raúl, empezaba a darle caña por el Camino Viejo de Minaya, la pista era buena, con alguna zona de barro, y rodábamos rápidos y animados. Pero de pronto, el viento que tanto había machacado al equipo uno, aparecía y empezaba también a molestarnos. Poco antes del kilómetro 18 tendríamos el primer avituallamiento en Minaya, estos paradas fueron clave durante todo el Reto, no solo por poder recargar agua y comida, sino también por ver las sonrisas y los ánimos de los compañeros. El equipo 3 se quedó la noche en vela solo para apoyarnos, esa entrega es la que hace de este grupo humano indestructible. A 4 km pasamos por Casas de Roldán (ya en Cuenca) y de ahí a El Provencio en el kilómetro 43. A estas alturas ya éramos muy conscientes de la tranquilidad de ir en bici por la noche, sin escuchar nada, solo se nos cruzaba algún conejo, y las pistas de tierra eran muy rectas e interminables. De esto último el chistaco del día patrocinado por Mario: "Aquí no se nos aparecerá la Muerta de la Curva, como mucho la Muerta del Stop", el humor que nunca falte. A partir de aquí, los kilómetros fueron de puro infierno, la lluvia y el viento se combinaron para crear un ambiente muy duro, y Raúl comentaba que "las condiciones eran perfectas", con su ironía característica. Una pequeña Dehesa nos paró el viento por un momento, pero fue poco tiempo y volvimos al infierno camino de Las Mesas, en el kilómetro 61, fin de nuestra ayuda al equipo 3, que no pararía hasta Almonacid de Toledo. El tramo final lo hice casi a ciegas con las gafas llenas de gotas, por lo que tuve que frenar al equipo, que iba lanzado.

Ya aquí nos recogieron David y Ester a eso de las 6 de la mañana, para ir a dormir a La Roda. Nos habíamos pasado toda la noche en marcha, y ahora llegábamos mojados, congelados y agotados a dormir al pabellón de deportes. Se nos comenzaba a ver alterados por el cansancio, pero el equipo se mantenía unido y con el objetivo claro.

Al día siguiente nos levantamos habiendo dormido apenas 4 horas y con el horario corporal totalmente cambiado, a mi me dolía todo por la falta de sueño, pero que había que ponerse en marcha rumbo a Cenicientos (no sin antes comer bien en Ocaña, Toledo). Mientras a las 14 horas el equipo 3 acababa su labor en Almonacid de Toledo.

Al llegar a Cenicientos (Madrid), vimos que se mascaba la tragedia, el temporal de lluvia y viento era muy fuerte. Los comentarios de los locales tampoco nos daban unas perspectivas muy halagüeñas. Así, empezamos a plantearnos alternativas más seguras, pero no nos convencían. Mientras, nuestros compañeros del equipo uno volvían a sufrir de lo lindo, ya que a la altura de Quismondo el barro era el rey y no había manera de avanzar por lo que se planteó una alternativa por carretera que les hizo llegar a Cenicientos llenos de barro y ateridos de frío.

Llegaba nuestro turno, Josito y Mario decidieron  probar suerte, al parecer la previsión del tiempo mejoraba durante la madrugada. Yo preferí no salir, los frenos de mi bici no me daban ninguna confianza y no quería acabar el Reto por los aires. Fuimos detrás de ellos durante los primeros kilómetros, pero el temporal amainó de golpe y aparecieron las estrellas, por lo que Mario y Josito se lanzaron al ataque de los dos puertos de montaña que tenían que pasar: el puerto de Arrebatacapas (1068 m) y el Puerto del Boquerón (1315 m). La pareja iba fuerte y decidió seguir hasta Arévalo, ahora en mi compañía, ya que decidí incorporarme en Ávila. Atravesamos esta hermosa ciudad (el turismo nocturno está infravalorado) e intentamos meternos en la pista de tierra del Camino de Santiago, la orientación fue compleja y nos encontramos muchas vallas y obstáculos. Una vez en carretera, Josito pegó el arreón y Mario y yo le aguantábamos como podíamos, con todo el desarrollo metido, así más de 50 kilómetros hasta llegar por fin a Arévalo (Ávila), donde tuvimos un nuevo momento patrocinado por Mario, que nos pedía que contáramos un chiste de gangosos...

Sábado 30: la máquina imparable contra el viento y el barro.

Y, en la mañana del sábado 30 de marzo, arrancaba la sexta etapa con el equipo 3 en movimiento desde Arévalo (Ávila) hasta Villalpando (Zamora), siguiendo con la tónica dominante de viento en contra y los caminos enfangados.



Por fin, llegaban a las 17'15 a Villalpando para pasar el relevo al equipo uno. Mientras mi equipo descansaba en Ávila, donde Jorge De Dios nos acogió en su casa. Una vez limpios y recuperados de otra dura noche, dimos una vuelta por la ciudad y de allí a Villafranca del Bierzo a cumplir con nuestra etapa a pie de nuevo en sesión nocturna. El equipo uno llegó muy entero, hablando maravillas del ascenso a la Cruz de Ferro.








 Domingo 30: el Reto en tierras gallegas


Por fin tocaba correr a pie, conscientes de los míticos 8 km y 800 m de desnivel que nos esperaba el final de etapa de ascenso a O Cebreiro (Lugo). Empezamos Mario, Josito y el que escribe, a buen ritmo desafiando al frío de la madrugada. Observamos que tendríamos 20 kilómetros de asfalto que se nos hicieron muy duros. Llevábamos tres días corriendo solo viendo la noche y psicológicamente empezaba a afectarnos. Solo los avituallamientos y las caras de nuestros compañeros David y Manu nos animaban a seguir. A veces nos sorprendía un potente foco de luz, Manu con su cámara se la estaba jugando para sacar tomas de nuestro recorrido. En el kilómetro 9 se incorporó Ester y seguimos avanzando en bloque, animados por el sonido del Río Valcarce que bajaba potente.

Por fin, después del avituallamiento de Las Herrerías nos encaramos a la mítica subida a O Cebreiro, para mí era un descanso, tanto llanear por asfalto me estaba machacando, pero fue vislumbrar una senda de tierra y la alegría me inundó. Además, tuvimos uno de los regalos más bonitos del Reto, se nos fue haciendo de día subiendo y aquellas sombras negras se convertían en toda clase de verdes, y con ello, el total subidón, empezamos a cantar, a hacernos fotos, ascensos así no se olvidan en la vida. Al final, llegamos a O Cebreiro, envueltos en niebla y con las campanas del Santuario dándonos la bienvenida. No podía darnos esta tierra mejor acogida.

Aquí Mario y Josito decidieron seguir hasta Samos en bici, donde esperaba el equipo tres para la etapa final. En esta población gallega nos reencontramos con el equipo tres, con los que dimos un paseo, unas fotos y una lucha entre David y unos valientes patos, mientras esperábamos a nuestras dos bestias pardas. Entonces, decidimos devolverles el apoyo de la primera jornada, y nos quedamos sin dormir apoyando a muerte al equipo tres que iba mejorando las previsiones de tiempo a pasos agigantados. El incansable Josito los acompañó otros 30 kilómetros más hasta Portomarín, mientras los demás encontrábamos huecos para descansar y estirar.
En Mélide pudimos disfrutar de una de las pulperías más populares, que facilitaría el avituallamiento más especial de la jornada ya que Tarí y José pudieron probar el pulpo y el ribeiro locales.
Por fin, llegamos a Monte Do Gozo, donde empezamos a celebrar la consecución del Reto, después de unas durísimas jornadas donde ni el mal tiempo ni las bajas temperaturas pudieron con nosotros, ni los caminos llenos de barro ni la monótona noche ha conseguido parar este Reto Solidario que quiere llevar un poco de esperanza para los más desfavorecidos.





Todos juntos, este grupo humano que ha conseguido cumplir una gesta deportiva sin precedentes, bajamos hacia la Catedral de Santiago de Compostela para completar el Reto. La alegría y la emoción nos inundó a todos, ha sido una experiencia más allá de lo deportivo, hemos pasado juntos bajones, indecisiones pero nada ni nadie ha podido con la ilusión de un grupo de deportistas que han conseguido mucho más que la finalización de un Reto: la constitución de una familia de amigos que no conocerá obstáculo que se le interponga.


Nuestro Reto Solidario ha concluido a nivel deportivo, pero ahora queda otro Reto, el de conseguir que se lleven a cabo todos los proyectos que la ONG Oasis quiere cumplir para una mejor asistencia sanitaria en Togo.

Os animo a tod@s a aportar vuestro granito de arena y de esta manera colaborar con este gran proyecto:

a) Por transferencia bancaria:
cuenta: 2013 0756 01 0200595762 (Catalunya Caixa)
asunto: Ultraduatlon Solidaria, tu nombre y apellidos

b) A través de la web:
http://www.deportistassolidarios.com/retos/ultraduatlon_solidaria


Para finalizar, un resumen visual de lo sucedido:

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